03 enero 2012

EL TOPO (TINKER, TAILOR, SOLDIER, SPY)



Línea clara en el cine. Eso es lo que he visto hoy: Fotogramas tratados como viñetas de Edgar P. Jacobs, cargados de información de forma tan hábil, limpia y estratégicamente situadada que no resulta abigarrada.
En gran medida gracias a su director, Tomas Alfredson, que salió a la luz con la amarga y vampírica Déjame Entrar, y que con este largometraje confirma que se le debe seguir la pista inexcusablemente.
Este tipo tiene reminiscencias voyeur de Hitchcock en La Ventana Indiscreta pero sin sus colores pastel, y regustillo al Brian DePalma de Doble Cuerpo sin el histrionismo onírico (véase la escena de conexión entre el espía repudiado y la rusa renegada) Acertadísima elección me parece la del director sueco, que aporta al trabajo una mirada gélida y sin embargo hiriente. La elección obvia, un cineasta inglés, habría resultado un gran error, pues suelen quedarse en la pose altanera, sin mostrar la herida purulenta que subyace en las historias que pintan la sociedad british. No lo afirmo a la ligera. Hablando de esta misma historia, no tenéis más que echarle un vistazo a la version televisiva producida por la BBC en 1979, protagonizada por Alec Guinnes para observar la falta de profundidad y el tozudo gusto por la pose teatral de las que hablo.
La sensibilidad escandinava, exenta de artificios, es perfecta para explicarnos la amargura sin que resulte apabullante en primer plano. Narrador acompasado, casi metrónomo, Alfredson deja entrever sentimientos de gran complejidad e intensidad, siempre de soslayo.
Ayudado, desde luego, por un monumental reparto. La nitidez del producto final no hubiera sido posible sin actores más que consagrados que se ponen al servicio de la historia sin buscar ávidamente el plano que les consiga el Oscar. Quizás Oldman roza el divismo, pero más buscado por el director para marcar narrativamente los momentos clave de la historia que por el mismo actor.
Esos momentos clave se expresan con una narración no lineal, en la que el avance de la trama está desligado del reloj o el calendario. Utiliza marcadores espacio-temporales en forma de frases, gestos, incluso canciones que anclan la trama. La balizan y provocan el avance.
De esta forma, la información de mayor calidad al respecto de la resolución del argumento se va dejando caer con una actitud indiferente, podría decirse indolente. Así el sueco consigue mantener el halo de misterio, en lugar de con los torpes y escandalosos golpes de efecto típicos de una peli de espías al uso.
A ello también ayuda la sutil pero efectiva banda sonora de Alberto Iglesias, una grata sorpresa.
En definitiva, una historia de los 70 narrada a ritmo setentero, pero sin los zooms innecesariamente intensos, como un Sidney Pollack en plena forma, con encuadres impecables, precedidos por levísimos travellings para establecer las coordenadas de una nueva escena como marca de fábrica.
Nada chirriante. Aterciopelado.
Si a alguien le parece a priori que a estas alturas una producción cimentada en un best seller de John Le Carré debe resultar seguramente trasnochada, que abandone ese pensamiento, pague la entrada, y se disponga a ver probablementre la mejor película del año.

Stay tuned!

2 comentarios:

  1. Está claro que hay que verla. Lo intentaré y después hablamos.
    Mi reconocimiento a tu trabajo estos días. Un placer pasarse por aquí.

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  2. Vocación de servicio. Y es un placer ver que resulta valorada.

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